Recurrió a la industria farmacéutica para experimentar medicamentos que no podían comercializarse por sus efectos secundarios.

Asesinar a líderes extranjeros y espiar a sus propios ciudadanos, pese a estar vetada desde su concepción para conducir operaciones internas, pueden no ser los mayores pecados que haya cometido la CIA. El nuevo paquete de documentos desclasificados revelan que la agencia de inteligencia fichó a la industria farmacéutica para probar en seres humanos medicamentos para controlar la mente que no podían ser comercializados por sus efectos secundarios.

Para estos experimentos clasificados con el sello de "Sólo para tus ojos", que impide hacer copias o sacarlos del departamento, los conejillos de indias humanos no fueron voluntarios. Es más, ni siquiera sabían que la CIA les estaba drogando para observar cómo se modificaba su conducta.

Uno de los casos más notorios fue el de Frank Olson, un experto de la CIA en guerras bacteriológicas que murió en 1953 al saltar desde la ventana de un hotel, nueve días después de que se le administrase un tipo de LSD en una bebida. Dos décadas después el presidente Gerald Ford se disculpó ante su familia y la indemnizó con 559.000 euros.

Al estilo nazi

Ese "mea culpa" ocurría dos años después de que el Gobierno pusiera fin al programa de «experimentos de control mental» que dirigía Sidney Gottlieb, una especie de doctor Mengele a la americana, cuya existencia prueba que las técnicas de la Gestapo no es lo único que EE. UU. copió de los nazis. Gottlieb se retiró al cierre del programa y murió en 1999, por lo que nadie podrá profundizar en lo que sabía.

Entre los «sujetos involuntarios» se encuentran numerosos miembros de las Fuerzas Armadas cuyos nombres no aparecen identificados ni tampoco se describe cuáles fueron sus reacciones a los fármacos. Sólo se sabe que el origen de sus males estaba en "Edgewood", dicen los memorandos, que los expertos han determinado como el Centro Químico Biológico de Edgewood, en Baltimore. Los historiadores han protestado por los muchos tachones negros que aparecen en los documentos desclasificados, lo que indica que la agencia de inteligencia no está tan dispuesta como dice a pasar por el confesionario.

En uno de los memorandos de tres párrafos hecho público, un técnico de la CIA llamado Carl Duckett, también fallecido, asegura que el origen del programa no era encontrar nuevas técnicas para sus propios objetivos de inteligencia, sino conocer los efectos que tendrían si las usara el enemigo.

Entre las malas artes desveladas ha destacado el intento de asesinar a Fidel Castro con la ayuda de la Mafia, pero un análisis más profundo ha encontrado que Castro no fue el más perjudicado. Los documentos admiten «extensa involucración» en la muerte del presidente de República Dominicana Rafael Trujillo, asesinado en mayo de 1961, además de otro intento de envenenar al mandatario de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba.

Fuente: Vocento VMT