Una boda china por todo lo alto
Para que que luego digan que todos los chinos son bajitos. Resulta que el cupo de altos en el coloso asiático no lo agota el gigantón Yao Ming, la estrella de la NBA que mide 2,26 metros, sino que uno de sus compatriotas le gana por diez centímetros.
Se trata de Bao Xishun, un pastor nacido hace 56 años en la región de Mongolia Interior que, desde el 21 de julio de 2005, figura en el Libro Guinness como el hombre vivo más alto del mundo. Quizás para conmemorar que hace dos años desbancó por sólo dos centímetros a su antecesor en la cumbre, el tunecino Radhouane Charbib, Bao tiene previsto celebrar una fiesta muy especial el próximo mes de julio en Chifeng, la ciudad donde vive junto a su esposa.
Aunque el gigante de la pradera mongola se casó en marzo, ha decidido retrasar un poco la gala nupcial. Por el bien de su esposa, una chica de 29 años de su mismo pueblo llamada Xia Shujuan, sus paisanos confían en que no haya demorado también la noche de bodas, pero en Chifeng todos saben que Bao Xishun siempre ha sido tan grande como tímido. Todo ello pese a que su familia podría descender de Genghis Khan, lo que tampoco tiene mucho mérito porque se calcula que 16 millones de personas comparten en todo el mundo los genes del caudillo mongol, quien hizo algo más que conquistar territorios.
Sea como sea, lo cierto es que, en realidad, Bao Xishun era en su infancia más retraído que alto, pues medía lo normal hasta que, a los 15 años, dio el «estirón». Entonces, su crecimiento se aceleró hasta llegar a los 2,10 metros a los 20.
El problema es que desarrolló un reumatismo crónico que obligó a su padre a llevarlo a un hospital de Shenyang, en la provincia de Liaoning. Allí lo vio un entrenador de baloncesto del Ejército que intentó convertirlo en una estrella, pero su enfermedad se lo impidió.
En lugar de brillar en la cancha, se pasó tres años en la «mili» y, cuando se licenció, volvió a su ciudad para intentar llevar una vida tranquila. No lo consiguió; en cuanto empezó a trabajar dando la bienvenida a los clientes en el restaurante de su amigo Xin Xing, su imagen volvió a los periódicos, por supuesto siempre en fotos verticales.
Su fama llegó a tal a punto que, cuando dos delfines de un acuario chino se tragaron unas bolsas de plástico en diciembre, lo llamaron para que se las sacara del estómago con sus alargados brazos. Después, puso un anuncio en los periódicos buscando esposa y mujeres de todo el mundo respondieron a su llamada. Como el amor es ciego, Bao Xishun escogió a una chica de su pueblo que mide 1,68 metros, y con la que quiere celebrar una auténtica boda de altura pese a sacarle 68 centímetros.
Fuente: Vocento VMT


