Del deporte a la política, en busca de letra para el Himno de España
Oficialmente, el Himno Nacional de España, un toque militar que se ejecuta desde 1770, no tiene letra, a diferencia de las canciones patrias en casi todo el mundo, y esto parece incomodar a muchos deportistas españoles que cada vez llegan en mayor número al podio de los premiados.
Pero una vez allí, ni siquiera pueden, por respeto al símbolo que representa el himno, a imitar al resto de sus compatriotas con sus "chan, chan", "chunda chunda chu chunda" o "lo, lo, lo", variadas onomatopeyas con las que acompañan la música de esta 'Marcha Granadera' o 'Marcha Real' de autor desconocido.
"Son muchos los deportistas españoles que reclaman una letra cuando suben al podio (...). Quieren sentirse tan orgullosos de su pertenencia como los ingleses, los franceses", afirmaba estos días el impulsor de la iniciativa, el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco.
Hasta aquí puede parecer claro el anhelo de los ciudadanos de ponerle letra a su Himno Nacional, aire militar declarado 'Marcha de Honor' por el rey Carlos III en septiembre de 1770.
El problema se presenta cuando en esta España de 17 regiones autónomas, de las cuales cuatro reivindican su peso histórico y una lengua propia muy anterior a la formación del Estado español moderno, la disputa ideológica se apodera inevitablemente del debate y entonces es obligado mirar hacia atrás.
Durante el gobierno democrático de la Segunda República (1931-39), la 'Marcha Granadera' fue reemplazada por el Himno de Riego. Pero tras la Guerra Civil (1936-39) y la dictadura impuesta por el general Franco (1939-75), la 'Marcha Granadera' se convirtió oficialmente en Himno Nacional y se le agregó letra.
"Viva España, alzad los brazos/hijos del pueblo español,/que vuelve a surgir", dice una de las nueve estrofas compuestas por José María Pemán, que muchos recuerdan hoy en día, algunos con escalofrío y otros con orgullo.
Más de 30 años después de aquella oscura época, la polémica está nuevamente servida en tiempos en que el gobierno central socialista y la oposición de derecha mantienen permanentes divergencias en un clima de crispación cotidiano.
Aunque esta vez la solución podría llegar del mundo del fútbol, del tenis, del baloncesto y por qué no del golf.
"El nuestro quiere ser un himno del deporte (...) Si más adelante se recorre otro camino, pues perfecto", afirmó Blanco, de cuya iniciativa se hizo cargo inmediatamente el opositor Partido Popular (PP), que desde la vuelta al poder de los socialistas en 2004, advierte sobre los peligros de una "ruptura de España" frente al avance de los nacionalismos, en especial de vascos y catalanes.
Pero esto solamente empieza. El ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, consideró que la letra del himno debería contar con el "consenso de todas las fuerzas políticas", una tarea "díficil" en opinión del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Y aquí no termina. Según el artículo 3 de la Constitución española de 1978, que instauró la España de las autonomías, el castellano es la "lengua oficial del Estado", que también reconoce como lenguas oficiales al catalán, el euskera, el valenciano y el gallego..., por lo cual cabría esperar, un debate sobre versiones traducidas de un futuro Himno español.
Habrá que darle tiempo al tiempo, aunque muchas veces, el hombre de la calle es el que da en el clavo, como comentaba un participante en un foro de discusión en internet del diario barcelonés La Vanguardia al afirmar, con una buena dosis de ironía: "suerte que a la vista de la alta abstención en las pasadas elecciones, ahora los políticos van a dedicarse a hablar de lo que de verdad importa a la gente".
Fuente: AFP


