El niño que sabía demasiado
Horacio García Lozano es uno más de los muchos niños de once años que, por las mañanas, cursa sexto curso en la Escuela Primaria «Carmen Serdán» del municipio de Actopan, en Hidalgo.
Pero, por las tardes, el pequeño pasa al otro lado del espejo para unirse a los jóvenes que estudian Ingeniería en Geología Ambiental en la Universidad Autónoma de ese Estado mexicano.
Todo le viene por su afición a los dinosaurios, la cual cultiva desde que, con cuatro años, llegara a sus manos un cuaderno para colorear repleto de esos animales. Hoy cita de memoria los nombres y características de cuatrocientas especies de aquellos gigantescos vertebrados.
Horacio pertenece a una familia muy humilde. Su madre, con la que vive, se dedica al pastoreo y a la costura. Doña Isabel, que así se llama, se ha puesto a estudiar a sus cuarenta y siete años cursos a distancia de Secundaria, pues los asesores del muchacho le dicen que necesita estar bien preparada para apoyarlo.
«Nos encontramos con gente que no supo qué hacer con él; hasta con niñitos discapacitados lo mandaron. Desde el primer año de Primaria el niño no salía a jugar, sólo quería leer y leer», relata la buena señora doña Isabel al diario «Reforma».
Horacio mantiene un promedio de 9,7 puntos en la escuela, mientras que en la Universidad alcanza notas de 10. «Es un constante generador de ideas, con un futuro prometedor. El niño basa su potencial intelectual en el trabajo autodidacta, es capaz de integrar toda la información que ha leído desde los 5 años de edad», señala al mismo rotativo el doctor Alberto Blanco, investigador de la Autónoma y uno de sus siete asesores.
Mientras tanto, doña Isabel ya ha vendido buena parte de su ganado para costear los gastos que generan las ansias de saber del menor: «Le voy a llevar al gobernador los periódicos para que vea quién es mi hijo y qué hace, a ver si nos da una ayudadita», asegura. Horacio ha recibido propuestas de la Asociación Mexicana para el Apoyo a Personas Sobresalientes para que estudie inglés y las autoridades educativas contemplan enviarlo a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Mientras, el niño ocupa su tiempo libre en jugar a las maquinitas y ver la televisión. No cree en otro superhéroe que en su propia madre, ni tiene mayor pasión que los dinosaurios: «Yo sé que vamos a encontrar algo nuevo en todo esto que ya se sabe acerca de la evolución de la vida, y que a mí me tiene apantallado», dice.
Fuente: Vocento VMT



Carlos dijo
Me parece espectacular tu articulo, publica otro parecido para poder seguir leyendo tus articulos. Te felicito
30 Mayo 2007 | 01:24 AM