Si en nuestra sociedad las cosas están cambiando rápidamente en materia reproductiva, el mundo animal tampoco deja de darnos sorpresas.

La última está protagonizada por un tiburón martillo hembra que se ha reproducido sin necesidad alguna de emparejarse con un macho. Es lo que han encontrado los científicos en el Zoológico Henry Doorly, en Nebraska, Estados Unidos, al comprobar que uno de los tres tiburones hembra había dado a luz a pesar de no haber tenido contacto alguno con tiburones machos en los últimos tres años.

La cría nació en diciembre de 2001 pero murió poco después al parecer por el ataque de otro pez. En el momento del nacimiento se pensó que la hembra se había apareado con un macho de otra especie o que había usado esperma obtenido años antes, ya que las hembras de tiburón son capaces de almacenarlo. Pero los análisis dejaron claro que no había rastro de contribución masculina.

Uno de los investigadores, Paulo Prodohl, de la Universidad Queens en Belfast, fue inequívoco respecto a la pureza del tiburón hembra. «Si uno sabe cuál es el aporte genético de la madre y lo saca, todo el resto tiene que provenir del padre. Para nuestra sorpresa, cuando quitamos toda la contribución materna, no quedaba nada», dijo Prodohl a la BBC. En otras palabras, el ADN del tiburón hembra explicaba toda la herencia genética de su cría.

Esta capacidad de autorreproducción se conoce como partenogénesis y, hasta ahora, se había observado en algunos pájaros, reptiles -como el dragón de Komodo- y anfibios, pero es la primera vez que se detecta en tiburones. «Es el último recurso táctico que usan los animales cuando no pueden encontrar pareja», explica a «The New York Times» Robert Hueter, director del Centro de Investigación de Tiburones en Florida. No obstante, la partenogénesis entre los vertebrados sigue siendo rara y aunque seguramente ocurra también en la naturaleza sólo se ha documentado en animales en cautividad.

Esta forma de reproducción asexual tiene sus ventajas en cuanto que permite garantizar la supervivencia de una especie en ausencia de machos, pero también tiene un coste, y es la pérdida de diversidad genética. Esto podría acarrear problemas de conservación para algunas especies de tiburón que ahora están en declive.