Un estudio de la Universidad de Florida determina el momento en el que los piojos púbicos pasaron al ser humano.

Fue hace millones de años cuando el hombre empezó a coger ladillas, y la culpa fue de los gorilas. No hay que pensar mal, por mucho que ambas especies evolucionaran juntas los expertos no creen que ocurriese copulando, sino más probablemente al alternarse los lechos o incluso al comerse los unos a los otros.

«Ciertamente no tendría que ser lo que mucha gente va a asumir inmediatamente, que es el coito sexual entre humanos y gorilas, sino que en vez de algo sórdido pudo haberse derivado de una actividad considerablemente más aburrida», advirtió David Reed, uno de los autores del estudio. De hecho, el experto advierte que ambas especies convivían de una forma tan cercana en aquellos tiempos y compartían tantas actividades que la del acto sexual sería la menos probable.

Aunque el tema pueda resultar desagradable, el curioso estudio de la Universidad de Florida que se ha publicado en la revista "BMC Biology Journal" aporta valiosas pistas sobre la evolución del hombre y sus costumbres. El ser humano es el único animal cuyo cuerpo sirve de huésped para dos tipos de parásitos muy similares que no conviven en ningún otro animal: los piojos en la cabeza (pediculus) y las ladillas en el pubis (pthirus).

Millones de años

«Ambas especies compiten entre sí, por eso no pueden convivir», explicó Reed por teléfono desde el Museo de Historia Natural de Florida, donde trabaja como curador de mamíferos.

Los piojos se quedaron con los chimpancés y las ladillas con los gorilas. Por esa época, estimada en 3.3 millones de años, el hombre había empezado a perder el pelo del cuerpo y eso puso suficiente distancia entre los parásitos como para que las dos especies pudieran chuparle la sangre al mismo individuo sin molestarse.

Estos parásitos que literalmente saltan de cuerpo en cuerpo aún pueden transmitirse a través de las sábanas o la ropa. Millones de años atrás el hombre ocupaba precisamente el lecho en los huecos de las montañas en el que había dormido la noche antes algún gorila, y de paso las ladillas que quedaban encontraban un nuevo hogar para seguir su tétrica carrera.

Otra de las opciones que barajan los siete expertos que han dedicado un año al estudio es que el hombre cazase gorilas para alimentarse. En tal caso el contagio se habría producido durante los trabajos carniceros. En cualquier caso el cambio de huésped favoreció a las ladillas, que como muchas otras especies infecciosas que afectan al ser humano han encontrado en él una forma de supervivencia.

El estudio ha contado con la ayuda del Proyecto de Veterinarios de Gorilas de Montaña, que recolectaron cientos de ladillas en Uganda.

Fuente: Vocento VMT