El Tribunal Supremo ha absuelto del delito de estafa a una curandera condenada a 2 años y medio de cárcel por comprometerse a cambio de 18.000 euros a curar a un enfermo terminal de cáncer.
La sentencia del alto tribunal afirma que "la esperanza es humanamente entendida, pero la confianza en la magia no puede recabar la protección del derecho penal".
La Audiencia Provincial de Cádiz condenó a Nuria Montero Gallardo a 2 años y medio de cárcel y multa de 8 meses con cuota diaria de 6 euros por un delito de continuado de estafa de especial gravedad, porque consiguió que dos de los hijos de un enfermo de cáncer con metástasis le pagaran 18.000 euros y un pájaro para que sanara a su padre.
Confianza en poderes paranormales
Sin embargo, el Supremo, en una sentencia de la que ha sido ponente el magistrado José Antonio Martín Pallín, considera que no se da el engaño bastante para condenarla por un delito de estafa, porque "el ciudadano medio de nuestra sociedad, tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales".
"Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médium, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal. En estos casos se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta idóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa", explica la resolución.
Cura imposible
Tras destacar que los médicos les habían advertido que era imposible la cura del carcinoma que padecía el padre, el alto tribunal agrega que, en este caso concreto, era aún más difícil el engaño, porque la hija era administrativa del Ayuntamiento y el hijo, auxiliar de clínica, aunque trabajara en la construcción.
En febrero del 2001, dos de los hijos de un enfermo incurable acudieron al domicilio de Nuria Montero Gallardo en Jerez de la Frontera, porque una tía suya les había dicho que tenía "poderes" y que estaba sanando a un familiar suyo.
Tras ver una fotografía de su padre les dijo que le podría curar si empezaba el tratamiento antes de una semana a cambio de 18.000 euros, de los que los clientes descontaron lo que les costó un pájaro llamado Inseparable que compraron en Ubrique, porque la curandera decía que necesitaba sacrificar animales y extraerles los mismos órganos que tenía enfermos el padre. El paciente murió en julio del 2001.
Fuente: Europa Press


Otro caso que demuestra que la Ley no es infalible.
Con los videntes se podría acabar simplemente regulándolos. Obligándoles a tener su actividad económica, un organismo de certificación y unas medidas de la calidad que fueran objetivas. Todo ese análisis debería ser público y accesible por los clientes potenciales. Sólo los muy tontos seguirían contratando servicios de curanderos.