¿Es contagiosa la obesidad humana? En un país como Estados Unidos, donde casi la mitad de su población acarrea excesivos kilos, un cuarenta por ciento aproximado del censo de perros sufre de problemas de sobrepeso. Hasta el punto de que los veterinarios empiezan a hablar de una epidemia de obesidad entre los mejores amigos del hombre. Con la consiguiente oportunidad de negocio para la industria farmacéutica que nunca descansa en sus esfuerzos por encontrar una efectiva «viagra» para enderezar el metabolismo.
De hecho, la reguladora Agencia federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha aprobado este mes de enero lo que se ha calificado como el primer medicamento para tratar la obesidad en perros. Una ayuda farmacológica dirigida a reforzar los dos principios clave para la pérdida de peso: comer menos y moverse más. A juicio del doctor Stephen Sundlof, director del Centro para Medicina Veterinaria de la FDA, «se trata de una bienvenida suma a las terapias animales disponibles porque la obesidad parece estar incrementando».
El peso ideal
Los veterinarios definen a un perro como obeso cuando sobrepasa en un 20 por ciento el peso ideal en función de cada raza. De acuerdo a las estimaciones barajadas por la FDA, por lo menos un cinco por ciento de la población canina en Estados Unidos es claramente obesa. Además del sobrepeso que presenta entre un veinte y treinta por ciento restante. Lo que supone un mercado potencial de casi cuatro millones de perros gordos, con una especial susceptibilidad entre algunas razas como los sabuesos o los labradores.
El fármaco recién aprobado, llamado «Slentrol» (dirlotapide), va a ser comercializado por la multinacional Pfizer a un coste aproximado de un euro por dosis diaria para suprimir el apetito y bloquear la absorción de grasas. Aunque según advierte George Fennell, vicepresidente de Pfizer, «no se trata de un pasaporte para abandonar el ejercicio o las dietas».
Efectos secundarios
De hecho, los fabricantes de comida para perros ya llevan tiempo compitiendo para ofrecer fórmulas bajas en calorías que faciliten el control de peso en mascotas poco atléticas.
«Slentrol» se va a producir en forma de líquido que debe ser administrado diariamente. La duración del tratamiento con receta estará en función del sobrepeso de cada perro, con estudios clínicos que han registrado pérdidas de peso del tres por ciento durante un mes sin cambiar de alimentación. Con todo, el fármaco -expresamente prohibido para seres humanos y otros animales- tiene potenciales efectos secundarios no deseados.
Según algunos escépticos investigadores, Slentrol tiende a convertir el hígado de sus consumidores en «foie gras». Aunque los especialistas de Pfizer sólo han detectado como gran inconveniente la propensión a vomitar.
Antojos
La opinión generalizada entre veterinarios es que esta preocupante epidemia de obesidad entre los perros de Estados Unidos no hace más que reflejar la propensión a la gordura entre sus dueños.
Como ha llegado a reprochar uno de estos especialistas en medicina animal, «la gente trata a sus perros como si fueran niños, les consienten todos los antojos». Y el resultado de sobrepeso, que no debería sorprender a nadie, se está convirtiendo en uno de los mayores problemas de salud entre la población canina. John Bauer, profesor de Ciencias Veterinarias en Texas, ha llegado a argumentar que «los paralelismos entre la obesidad humana y la canina son pasmosos».
Según Bauer, «los perros viven con nosotros y cuando nosotros comemos demasiado, ellos también comen demasiado; cuando nosotros no hacemos el suficiente ejercicio, ellos tampoco lo hacen; y cuando picamos entre comidas, ellos probablemente también lo hacen».
A juicio de Bonnie Beaver, de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria, se puede decir que «estamos matando a nuestros perros con amabilidad».
Lista de males
En las consultas veterinarias se ven cada vez más casos de perros con problemas cardiacos, diabetes, ligamentos dañados, heridas por presión, dolores de espalda y cadera, además de artritis.
Se trata de una lista de males relacionada con la obesidad que producen mala calidad de vida y resulta más dolorosa entre perros más grandes. Aunque como ha sentenciado un irónico veterinario en las páginas del «New York Times», el problema de la obesidad en perros se puede arreglar fácilmente: «No podemos impedir que la gente coma Big Macs. Pero sí se lo podemos impedir a nuestros perros».

Fuente: abc.es